Psicologia de la salud mental

Dentro del maltrato en las relaciones con violencia hacia la mujer se da una peligrosa variante: el narcisismo perverso. Esto es, el resultado de añadir al machismo extremo dos trastornos de la personalidad como son la perversión y el narcisismo.

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No son casos tan extraños ni tan aislados como en principio pudiera parecer. En las siguientes páginas identificaremos, reconoceremos a más de uno, quien su capa de impoluta caballerosidad y elegancia, no pasa de ser la máscara más agradable de un pobre diablo, maligno y peligrosísimo, capaz de hacer mucho daño, sembrar mucho dolor y arrasar con todo lo que encuentre a su paso.

El machista perverso narcisista es un depredador emocional, dotado de ciertas habilidades y conmovedores encantos que busca en la pareja una especie de venganza, motivado -fundamentalmente- por su  propia incapacidad de amar. Reconocerlos y defenderse de ellos es una tarea compleja, sobre todo porque tiene una que ser capaz de concebir que una personalidad con esas características existe.

Una pareja conducida por una persona de estas características constituye una asociación letal: la posición de confusión y de incertidumbre que provoca es constante y la denigración y los ataques subterráneos son sistemáticos. Las agresiones tanto físicas como psicológicas son tan sutiles que no  dejan rastro y los testigos tienden a interpretarlas como simples aspectos de una relación peculiar, conflictiva o incluso apasionada entre dos personas de carácter, cuando, en realidad, constituyen un intento violento, y a veces exitoso, de destrucción moral e incluso física.

El perverso narcisista es un magnífico seductor que procura fascinar falseando la realidad y manipulando las apariencias con tal habilidad que resulta muy difícil de detectar a priori. Carece de empatía real, digamos que su empatía es más bien utilitaria, pues sólo reconoce las necesidades de la otra persona en la medida en que estas sirvan de interés a su propio beneficio.

Suele exhibir un aparente y formidable autoconcepto y socialmente aparece como una persona muy segura, sabedora de lo que quiere y completamente resuelta. En realidad con ello está camuflando su carencia real de autoestima, su fracaso personal y su tremendo vacío interior. Egocéntrico, vive en su propio mundo, creyendo que es el centro del universo y pensando que los demás están equivocados, que el mundo está equivocado y que sólo él está en posesión de la verdad.

Su estrategia, como veremos en las siguientes páginas  no es destruir a la víctima de forma inmediata, sino que prefiere el lento y progresivo sometimiento, es decir,  mantenerla a disposición, al tiempo que conserva el poder y el control sobre ella.

No se trata tampoco de esa alternancia de amor y de odio como a veces pueda parecer,   pues el perverso no ha sentido nunca amor en el sentido real del término. Hay, en primer lugar, una falta de amor que se oculta tras una máscara de deseo, pero no de un deseo de la persona en sí misma, sino de lo que esta persona tiene de valor, de positivo y que el perverso quisiera arrebatarle porque carece de ello y lo necesita para sobrevivir en su mundo de miseria.

Y es así como surge una especie de odio oculto, ligado a la frustración que siente el perverso cuando no puede obtener de la otra persona tanto como desearía. Cuando el odio se expresa claramente, surge el deseo de destruir y de anular a la víctima.

Porque lo que el agresor perverso narcisista envidia por encima de todo es la vida que no tiene. Envidia los éxitos ajenos, ya que le hacen afrontarse y reconocer su propia sensación de inseguridad, de derrota y fracaso; algo que proyecta sobre su víctima a quien culpa cruel y reiteradamente de todos sus conflictos y frustraciones.

Pero a este agresor no le basta con el sometimiento de su víctima; tiene que apropiarse de su sustancia, de su esencia, de su personalidad. Por eso la trata como un objeto cualquiera siempre a su disposición, a su conveniencia. Y cuando descubre que se le está escapando, tiene una sensación de pánico y de furor. En ese momento, él mismo se desata. Se produce entonces una fase de odio en estado puro, extremadamente violento y peligroso.

En la lógica del machista perverso y narcisista no existe el concepto de respeto a la pareja. Es como una hiena insaciable aferrado a su presa.

 

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